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He escuchado esta opinión
de vez en cuando, no es habitual pero se hace. “Desde
que haces yoga has cambiado”, “ya no eres el mismo”.
Si bien, esto puede sonar crucial. Es una verdad inherente
al cambio, y al desarrollo. La cultura se empieza a notar
cuando los conceptos se plasman en actos vivos y se expresan
a los demás. La cultura no tiene que ser negativa sino
interconectada. Cuando uno vive en pareja comparte culturas
diferentes, individuales que se han aparentemente unido compartiendo
un espacio común. Pero ambos siguen siendo únicos
en merced del compartir. Es cierto que todo fanatismo causa
rupturas porque generalmente acompañan decisiones drásticas.
Hay que pensar que todo espacio en si mismo es una sala de
práctica de yoga, no solo aislado moviendo el cuerpo
una hora o más en una sala exclusiva. En la vida familiar,
profesional, etc. también es lugar propicio para el
despertar de conciencia. Recuerda yoga es unión y expansión.
Si el fanatismo llega pronto se irá. Porque debes comprender
que la mente cambia, debes aprender a ser pacifico, compasivo
y contento y transmitirlo. Debes cultivar varios aspectos
y no solo uno. El fanatismo solo conduce a la inflexibilidad.
El yoga te enseña a ser positivo, mejora el ánimo
y crea las condiciones para una meditación y conexión
interna profunda. Esta conexión debería causar
paz a tu entorno y a la vez armonía, no disputas y
discordia.
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