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SONIDOS EN LA CIUDAD por Richi
A
lo lejos escucho una sirena de emergencia en una ondulada
frecuencia. Va y viene como sobre una montaña
rusa. Ascendiendo desde el ancestral aullido animal
hasta la periferia. Como humo visceral su presencia
se desplaza cruzando capa a capa la ciudad fantasma.
Cuadra a cuadra. Árbol tras árbol, hasta
llegar a mi ventana. La cruza y absorbo el humo denso
hasta el fondo de mis tímpanos. Así brota
la mente en ascendente presencia hasta rebotar en las
paredes del corazón. La sirena de peligro o de
auxilio aflora en cada latido como rompiendo las paredes
del olvido y amaneciendo el recuerdo de la impermanencia.
De la frágil porcelana de la existencia.
Mi mente proyecta su presente en un vehículo,
la sirena, luces, y aceleradas reacciones del conductor
y del resto de los automovilistas. Al parecer la silueta
del dolor, del estrés y del conflicto viajan
adentro del vehículo de emergencia. Sus pasajeros
cumpliendo el destino; la primavera de sus vidas. No
sé lo que les ocurre. No sé quienes son.
Ni siquiera los he visto, porque estoy a kilómetros
de distancia. Incluso, ya no oigo el sonido que inspiró
el inicio de este párrafo. Quizás ya no
este en el mismo espacio, ni tenga la misma intensidad.
Sin embargo, una huella queda en el aire, el halo de
la ambulancia, el aura de sus personajes, la ráfaga
karmatica con los otros vehículos que la interceptaron,
y finalmente, con mis oídos que frente al computador
lo percibieron.
Me inclino a ver la causa y el efecto resoplando en
el bandoneón. La danza pegada del sujeto y el
objeto. Como la primera gota de agua que compone el
brote del riachuelo de la inspiración. El conocimiento
apareciendo tras la montaña. Así recibo
este sonido, como maestro grito de la humanidad. La
reflexión me lleva de su mano por la avenida
forestal.
La ciudad es testigo frío de su recorrido por
las calles pavimentadas. Y aval de su acelerado curso
de finalidad laberíntica. Quien va adentro maneja
la ansiosa carrera entre la vida y la muerte, entre
la salud y la enfermedad, entre el dolor y la felicidad.
Pero para mí, dentro de ella van más que
seres sufrientes o en conflictos. Va un planeta enorme.
Un bosque milenario. Mi padre y mis amigos. Personas
famosas. Voy yo. Y con ellos va una gran posibilidad.
¿De qué trata esta posibilidad? A simple
vista no es ni el ruido ensordecedor de la sirena, ni
los cables que te conectan al cuerpo en estado crítico,
ni la rápida reacción del chofer, o el
tubo de oxigeno conectado a los pulmones temblorosos.
No es una técnica de sobrevivencia o de rescate.
No es mala suerte, ni un castigo divino. Esta gran posibilidad
a la que me refiero es el momento de despertar. El instante
de darse cuenta. Como un segundo nacimiento. Es la posibilidad
de comunicación verdadera entre la realidad del
conductor, el vehículo y el camino pavimentado
con la realidad potencial de conciencia presente.
Cuántas veces has leído historietas sobre
héroes, con distintos poderes. Unos vuelan, otros
se hacen invisibles, otros doblan acero con sus manos,
etc. Los superhéroes y sus súper poderes
están en un sector de tu cerebro esperando en
el momento preciso para cumplir su cometido. En ese
instante debes llamar la neurona heroica del despertar
pululando en tu cerebro consumista. Detenerla para dejar
que los poderes renazcan a flor de piel y logren llegar
más allá del sistema nervioso. Crucen
el valle de los sentidos. Y se expresen detrás
de la montaña de piel gruesa. El poder es cristaliza
es la cristalización del conocimiento. El conocimiento
se plasma en formas impredecibles, inesperadas y maravillosas.
Esa fragancia de los poderes revitalizados una y otra
vez dentro de uno, expresados hacia fuera. Porque un
poder sin ser usado es una lámpara bajo llave.
La manera que funciona la mente es limitar para entender,
es por eso que lo que creemos que es simple no basta
para ella. Debe existir algo más complejo casi
imposible de realizar para poder limitar, enfrascar
y fragmentar. Una conducta arrasadora del hombre viene
del néctar medular de la mente del deseo. Pero
los poderes anteriormente señalados son reemplazados
por trucos ilusionistas de la ciencia y la razón.
Es una manera de saciar la sed en medio del desierto
de los deseos. La mente se cree súper poderosa,
pero viaja dentro de la ambulancia conectada con todos
sus inventos, se dirige hacia una construcción
blanca enorme llena de espacios y seres que ella conformó
como tales para auto tratarse con fines científicos.
La mente auto salvándose de si misma. Por un
lado se ataca y por otro se salva. Por un lado se destruye
y por otro se reconstruye. Dentro de la ambulancia el
pasajero principal es la mente envuelta en una ambulancia
corriendo a cien kilómetros por hora en laberínticas
calles, y gritando sálvenme acá estoy,
peligrando. Toda mi construcción es frágil,
mis formas de exteriorizar están en peligro de
extinción. Si muere la mente muere el universo.
Abran paso que acá voy yo dentro de este cuerpo
en búsqueda de la eternidad. Por otro lado hay
otra mente afuera, salvadora. Gritando, allá
voy espérame yo te salvo y nos salvamos. Más
allá de todo esto te puedo salvar.
Pero, fuera de esta imagen la esencia, como dije anteriormente,
es el conocimiento plasmándose maravillosamente
sin ninguna complejidad, como brillos de despertares.
Cuando el artista encuentra el camino de expresión,
entra un gozo por su pecho que se extiende a sus ojos,
oídos, sentidos y a la totalidad del cuerpo.
Cree haber encontrado un tesoro, efímero por
lo cual, que se apresura con la ansiedad del niño
a plasmar. Como un niño frente a un regalo envuelto
en papeles multicolores. Lo único que quiere
es abrir ese paquete. Abrir ese paquete es abrirse así
mismo. Es dejar aparecer todo su ser en presente vivo.
Desenvolver es desatarse. Dejar de aparentar. Esta posibilidad
es el conocimiento del artista en su instante creativo
como despertar. La del científico con su abstracción
y resolución metodológica tiene también
sus luces y el impulso ansioso del descubrimiento.
La carrera de la ambulancia suena en cada uno de nosotros
y nos recuerda que el despertar esta cerca. Para despertar
hay que mover el cuerpo un poco. Para despertar hay
que crear un quiebre de vista. De visión. Este
despertar es la capacidad inherente de creatividad de
conciencia. No necesitas ser un genio o tener un doctorado
o haber estudiado para ser creativo, pero si, requieres
lo fundamental, despertar. La ruta de la ambulancia
y todos sus términos a fines es el sueño
del que debemos despertar. El correr y correr detrás
de una medicina que nos de la certidumbre de inmortalizar
el deseo. Por que al parecer somos un deseo en crecimiento.
Todo el quehacer se basa en el desear. Lo que denominaríamos
la sobrevivencia de la especie. La posibilidad que viene
aquí y ahora es el despertar de la conciencia
creativa sobre esta ilusión de la ambulancia
en continua emergencia. Sobrevolando los límites
mentales y sensoriales en un viaje más allá
de una calle laberíntica. Es dejar de verse tal
en aprieto, sufriente y proteccionista. Es dejar fluir
la creatividad sin necesidad de los sentidos pero con
ellos, es disciplinarse en completo desapego de la forma.
Es como saciar la sed sin preguntarse de que esta compuesta
el agua o quien la envasó. Es liberarse de la
atadura de la oscuridad pragmática. Y retomar
conciencia infinita de la intuición esencial.
Son las alas del Pegaso, o el cuerno del unicornio.
La fluidez viene con darse permiso a volver a ser niños.
No juguetones por esencia o revoltosos, sino conectados
con la expresión del universo. Despertar universal.
La conexión viene de textos esenciales y ancestrales,
todos aquellos que guían al buscador. Pero más
que ellos viene dentro de ti encapsulado y esperando
el despertar. Los conflictos son puntos de convergencia
de despertar. Es cambio de visión. Pueden ser
por medio del destino inesperado y repentino, o puede
ser dirigido y canalizado por ti mismo. El asunto es
reconocer el conocimiento creativo como llave para el
despertar.
Yo estoy despierto. Es la primera frase. Y despierto
para qué. Para iluminar más allá
de opaca comprensión. Ser luz y claridad del
Todo y para todos.
La
polaridad ha estado en nuestra manera de vivir desde
el nacimiento, desde nuestros padres y abuelos. No se
puede negar, sin embargo la condición base no
necesariamente tiene relación con el límite
de la forma. Y la característica externa de la
polaridad.
No eres lo que digas que eres. No eres lo que piensas
que eres. No eres como te ves. La percepción
construye tu jaula mental y decantas en la prehistoria
del conocimiento. Eres infinito y finito según
tu conciencia. Dormido en el finito y dormido en la
infinitud.
Todo lo que haces luego de reconocer yo estoy despierto.
Es contemplar.
Contemplar es dejar de buscar respuestas por saber.
Es ser la respuesta misma uniéndote a la pregunta.
La observación en suspensión es el medio
de la contemplación.
¿Quién te enseña a contemplar en
esta vida?
Por un lado el escenario, “Maya, como principio
de la creación, como causa o poder maravilloso
y como creación fenoménica, como efecto,
o el sentido de ilusión”. Este horizonte
es el escenario de la contemplación. “Maya
es el velo mágico siempre usado por la naturaleza””
es solo mediante el yoga que el velo puede echarse a
un lado y el hombre ser conducido hacia el auto-conocimiento
y la auto-conquista por los que se trasciende la ilusión.”
”Como un alquimista de cosas espirituales, el
maestro de yoga separa la escoria, que es la ignorancia,
del oro, que es Correcto Conocimiento. De esta manera,
dominando la naturaleza, se libera de su esclavitud
ante las apariencias”.
Por otro lado, lo que el zen define como Satori, “mi
corazón”, un choque espiritual intuitivo,
emotivo o estético, que hace cambiar por completo
el sentido de la vida y del Universo del que lo recibe.
Se produce por meditación profunda, contemplación
de la naturaleza u otras experiencias objetivas y subjetivas.”
Para el budismo mahayana significa despertar, cambio
de frente o superación de las agitaciones mentales.”
“la visión directa de la verdad, como dice
Huang Po, “renunciad al error de estar ligados
a los procesos del pensamiento intelectual (conceptual)
y vuestra naturaleza mostrará su pureza primigenia,
pues sólo allí se encuentra la vía
que permite alcanzar la iluminación”
Iluminar, brillar con claridad, contemplar, es la unión
de dos polos en un océano de gratitud. El flujo
de la intuición y los roqueríos de la
razón.
Contemplar es ser no ser observador, ni medio de observar
ni objeto observado es sumergirte en la plenitud vibrante,
presente vital de la paz en contemplación dulce
de la Verdad.
Despertar es fluir en esta paz dulce que no es opacada
por nadie ni nada. Ningún obstáculo. Todo
es mediocre cuando te vistes de paz dulce de la verdad.
La
sirena de la ambulancia seguirá sonando por manifestación
del cambio permanente. Irá y vendrá de
un lado a otro, llevando la inquietud propia del conflicto.
Del dolor y la memoria del sufrimiento y con ello el
descanso de la alegría parpadeante. Esta sirena
se detiene cuando dejas de exigirte salvarte y salvar
a otros. Por que de tal polvo de estrellas a la galaxia
más lejana viajas sin detener el cordón
de oro. La mancha del cuerpo y la sombra de la ilusión
pasajera de esta tierra no permitirán alejarte
de la paz dulce de la verdad.
La verdad es Todo en Un momento. Sin rostro y con rostro.
Solo o con la multitud.
La sirena se disuelve en la profundidad de tu encuentro,
de tu despertar con tu misma naturaleza real y si bien
seguirás teniendo cáscara el néctar
desprenderá el aroma del fruto de la verdad.
Al saberte más y menos en un momento. Conectado
a la gran malla de piedras preciosas que al unísono
brillan como la luna sobre las olas en un mar calmo.
Así ES.
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