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IYENGAR YOGA SANTIAGO DE CHILE

 

 

 

 
 

La danza de la vibración
Ricardo Martínez R.



Pensamiento, habla y cuerpo para los yoguis están intrínsecamente ligados en una expresión de la naturaleza cambiante. Así como el agua se presenta en diversos estados, la energía vibrante vive en la creatividad y en su constante transformación. El sonido es un estado de la vibración que se expresa a través del habla en su esqueleto matriz como canto y música.
“La música es nuestra forma de expresión más antigua, se inicia con la voz y con nuestra necesidad avasalladora de establecer contacto con los demás. La música toca más profundamente nuestros sentimientos que la mayoría de las palabras y nos hace responder con todo nuestro ser”. (1 Yehudi Menuhin y Curtis W. Davis, “La música del hombre”, 1979 Fondo educativo interamericano)
“La pureza del sonido expresa la ética más elevada, la moralidad más vigorosa y nuestros nobles sentimientos. Nos despoja de nuestro yo mezquino, nos habla de un hombre en paz consigo mismo y con Dios, y refleja el ritmo de una sociedad que ha consolidado su fe y su seguridad”. Así la expresión está en su sentido más elevado, en la cumbre de la capacidad humana de revelar su universalidad. El Uno y el Todo constituidos al unísono. La experiencia y la conciencia se sutilizan a través de la percepción sensorial y se radica en una memoria culta y entonando un recto actuar. Por eso Patañjali escribió primeramente un tratado sobre gramática, seguido del tratado de Ayurveda y finalizó con los Yoga sutras; reunió e interconectó el sonido - palabra, salud corporal y la naturaleza que nos rodea, con la elevación de ellos en el estado de total absorción y unidad: habla, cuerpo y conciencia.
Así podemos profundizar nuestro estudio desde esto tres aspectos, teniendo en cuenta que “la música (sonidos) es un espejo del proceso mismo del pensamiento” nos conecta con la realidad total de vibraciones ilimitadas. Es como sacar el techo de nuestra casa y quedarnos bajo un techo amplio estelar. Destapar los condicionamientos en nuestra azotea de la mente a un lenguaje millonario del claves.
Yehudi Menuhin dice “…la música se compone de vibraciones audibles, deseo considerar brevemente el oído humano. ¡Qué instrumento tan exigente e infatigable; siempre pide satisfacciones y nunca descansa! Me parece simbólico que tengamos párpados en los ojos, pero que nuestros oídos no posean ningún organismo de cierre que nos permita sustraernos de los ruidos circundantes. En su mayor agudeza, nuestro oído puede captar sonidos que vibran a menos de 30 pulsos por segundo y prosigue hasta más de 15 mil vibraciones por segundo. Pero esos sonidos sólo son parte de una gama mucho mayor de vibraciones que puebla el universo. Podemos detectar algunos de esos movimientos rítmicos como pulsaciones definidas - por ejemplo, el latido del corazón, cuyo ritmo promedio es de 72 por minuto- y otros los podemos ver. Como las olas del mar, el ciclo del día y la noche, las fases de la luna, el cambio de las estaciones.
Otras vibraciones escapan a nuestros sentidos concientes…el universo tiene también ondas mucho más rápidas que fluyen a través de la materia y nos traspasan como si no existiéramos, y otras que se mueven con tanta lentitud que tardan años en pasar por nosotros. El sonido está en el corazón de la escala de vibraciones, pues comienza donde el tacto termina y finaliza precisamente donde se inician las ondas de radio. Creo profundamente que la música nos ayuda a mantenernos en contacto con todo el mundo vibratorio.”
La condición del sonido trae en si algo maravilloso, la efímera pero vital esencia de Brahman creativo, y Siva transformador. ¿Puedes poseer el sonido o atraparlo? Tiene límites de propiedad, en esta sociedad donde todo se envasa y se coloca dentro de otro artefacto para su dominio y conservación. El sonido es libre eterno y magno en el corredor divino. Lo captas y lo sueltas.
De alguna manera la música de India y así también el sonido vibrante de la voz palpita en el camino de la gratitud y adoración divina expresada en la naturaleza. “El raga indio se interpretan según la hora del día, o el momento, y une al ejecutante y al oyente con la naturaleza en forma única. Es como un río que fluye siempre y cambia sutilmente en su paso, no como la occidental que es como la construcción de un edificio sobre bases fijas. Este río sonoro no provoca contrastes bruscos de estado de ánimo, como la occidental, sino conserva su mismo carácter durante horas. Cuyo propósito es crear una forma de ser, no introducir al oyente en una exprimidora emocional”.
Así el sonido es un vehículo de elevación de conciencia, donde las imágenes acústicas desvisten a la experiencia del yo en un juego de vibración, llevando al océano de la conciencia total, donde la gota se funde en el vasto mar. El yo individual deja de reproducirse como tal enfrascado en su reiterado renacer y se fusiona a un completo vacío total. Así como el movimiento alimenta el cuerpo grueso, el sonido y su vibración nutre el cuerpo sutil (astral) y esta unidad compone la sinfonía de la conciencia Superior con el cuerpo causal.


 

 

 

 

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