“Las sílabas sagradas utilizadas
por los aspirantes espirituales en la meditación
son, en general, nombres sánscritos de lo Absoluto.
Puesto que el poder divino se manifiesta en el sonido, el
mantra es el cuerpo sutil de la deidad. La teoría
del yapa, o repetición del mantra sostiene que repitiendo
las sílabas con precisión y devoción
intensa, se evoca la forma de la deidad que preside el mantra.
La meditación en OM Namah Sivaia evoca la forma de
Siva, mientras que OM Namo Naraianaia evoca la de Vishnu.
Las vibraciones producidas por el sonido de un Mantra son
muy importantes, por lo que la pronunciación ha de
ser extremadamente correcta. Sintonizando con la longitud
de onda del mantra, uno se ve transportado desde el nivel
grueso del sonido articulado, a través del velo encubridor
del universo material, hasta la Deidad personalizada, y,
finalmente, hasta la energía original e indiferenciada
del poder Supremo.
Es necesario, en este punto, referirse al microcosmos, que
no es más que un macrocosmos en miniatura. Es el
vehículo en el que reefectúa el viaje de retorno
desde el sonido articulado hasta el Poder causal. Como el
cosmos, el individuo está continuamente sometido
al florecimiento y disolución de incontable número
de vidas, de períodos de actividad y de descanso.
Las fuerzas centrífugas y centrípetas se manifiestan
en él a través de la respiración y
los latidos del corazón. En el hombre, “Nada”,
el poder vital del universo, toma la forma de Kundalini,
la fuerza psíquica que yace enrollada, sumida en
su sueño astral, en la base de la médula espinal.
Esta energía late con las vibraciones de los cincuenta
sonidos básicos, los cuales, finalmente, alcanzan
la articulación física a través de
las cuerdas vocales.
En la teoría yóguica, el pensamiento, la forma
y el sonido son la misma cosa, igual que el vapor, el agua
y el hielo son una misma sustancia. Son aspectos diferentes
de una longitud de onda particular o, en otras palabras,
la misma energía vibrante, manifestada en diferentes
niveles de conciencia. La forma se manifiesta en la mente,
en el momento en que los oídos oyen el nombre y lo
transmiten a la conciencia.
El pensamiento y el sonido se manifiestan en cuatro estados
diferentes, encontrándose el sonido en un extremo
del espectro, y el pensamiento en el otro. El yapa transporta
al individuo desde el inferior de estos estados al superior.
“Vaikhari”, la palabra hablada, es un sonido
denso y audible, en su grado de máxima diferenciación.
Es un pensamiento codificado en el llamado lenguaje y expresado
a su nivel más concreto. En este primer estado, el
pensamiento implica el nombre y la forma. El nombre es uno
con la onda de pensamiento y no puede ser separado. Al pronunciar
la palabra “gato” se visualiza su forma. Lo
inverso también es cierto. Sin embargo, cuanto más
abstracta es la palabra, por ejemplo “Dios”,
más difícil resulta la conceptualización.
El uso del lenguaje supone la diferenciación del
pensamiento en la palabra. Este proceso tiene lugar durante
el segundo estado, “madhiama”. La persona que
habla o que escribe, selecciona sus palabras a través
de un prisma enturbiado por prejuicios, impresiones, emociones
y otras limitaciones. Estas son traducidas de nuevo a pensamientos
por el oyente o lector, cuya mente, a su vez, está
oscurecida por sus propias ideas. La transmisión
del pensamiento al lenguaje lleva, inevitablemente, a la
confusión.
Pashianti, el tercer estado, la visualización del
sonido, la comunicación telepática en la que
uno percibe literalmente la forma del pensamiento. Es el
nivel universal en el que se mueven los pensamientos, y
donde no existe ninguna diferenciación entre pensamiento,
nombre y forma. Un indio, un esquimal, un alemán
y un español pueden mirar todos, al mismo tiempo,
una flor y experimentar el mismo pensamiento, en idéntico
lenguaje no verbal.
“Para”, el estado superior, es trascendental.
No está formado por ninguna longitud de onda particular
y se encuentra por encima de todos los nombres y formas.
Es el substrato original e inmutable de todos los lenguajes.
Es energía pura o Shakti. Corresponde a “Sabdabrahman”,
el sonido potencial indiferenciado, la Vibración
Divina que todo lo une.
El pensamiento no puede captarse en el primer nivel de experiencia
vocal o visual. Sus vibraciones son demasiado rápidas,
incluso en este plano inferior. En el nivel telepático
puede viajar instantáneamente a cualquier lugar.
En el estado trascendental todo se funde junto. Este estado
de pensamiento, único y universal, que puede alcanzarse
en la meditación, es lo que comúnmente se
denomina Dios”.