El
Yapa es un método de canalizar la propia conciencia
desde el nivel más inferior al más elevado.
Repetido verbal o mentalmente, el Mantra eleva la mente
al estado telepático, primero, y, después,
al trascendental. Rama, por ejemplo, tienen una forma específica
que se funde con el nombre en el estado telepático.
En el cuarto nivel, el nombre, la forma y el propio Ser
son indistinguibles. Se unen y prevalece un estado de dicha.
No es que uno disfrute de la dicha, sino que se funde con
la dicha. Esta es la verdadera experiencia de la meditación.
El poder del sonido es tremendo. Además de la imagen
y la forma, puede generar idea, emociones y experiencias.
Simplemente escuchando voces, la mente puede experimentar
placer o dolor. Si alguien grita, “¡Una serpiente,
una serpiente!”, quien escucha salta inmediatamente,
espantado. Se ha creado la conciencia de la presencia de
algo considerado peligroso. La mente reacciona aterrorizada
y el cuerpo salta con temor. Si tal es el poder de una cosa
ordinaria de este mundo, imagina qué poder reside
en el nombre del Señor.
El Yapa es uno de los caminos más directos para llegar
a la Autorrealización o Conciencia Universal. Hace
desaparecer de la mente impurezas como la cólera,
la avaricia, la lujuria y otras que ocultan la luz interior.
Igual que un espejo sucio recupera el poder de reflejar
la imagen cuando se limpia, la mente de la que han sido
eliminadas las impurezas adquiere la capacidad de reflejar
la verdad espiritual más elevada. Incluso una breve
recitación, con sentimiento y profunda concentración
en el significado, destruye las impurezas mentales. El Yapa
hecho con fe, devoción y pureza aumenta el poder
del aspirante, proporcionándole las virtudes y poderes
de la deidad que preside el Mantra, al mismo tiempo que
confiere iluminación y dicha eterna.
Lo Supremo no es una entidad individual. Dios es una experiencia
que tiene lugar en una longitud de onda determinada. El
Yapa produce en la mente, la forma de la deidad conectada
con el Mantra. Por medio de una práctica constante,
esa forma se convierte en el centro de la propia conciencia
y puede ser realizada directamente. El Mantra de la deidad,
por lo tanto, es la deidad misma. La repetición con
concentración en el significado del Mantra y en los
atributos de la deidad particular lleva rápidamente
a la Realización de Dios. Aunque, por medio del simple
poder vibratorio, el Yapa, aun sin conocimiento del significado,
también lleva a la Realización. En este caso,
sin embargo, tarda más tiempo.