| |
Durante las clases de yoga
he tenido la posibilidad de enfrentarme a todos
mis pensamientos como en ninguna otra circunstancia
antes vivida. En los ejercicios que me causan
un dolor y/o molestia muy grande, mi mente se
llena de ideas cómodas y muy fáciles
de asimilar, como música, fútbol,
y cualquier cosa que me agrade; en muchos casos,
esa molestia se apacigua durante el tiempo que
dura la postura y los pensamientos mutan; poco
a poco empieza a surgir lo que la mente tiene
más oculto, posiblemente debido a que esa
superación física conlleva un inmediato
salto mental y puedo enfrentarme con lo que me
disgusta. Una compañera, Alejandra, dijo
una vez algo muy importante, que normalmente creemos
que la mente quiere que nos esforcemos más
pero el cuerpo se niega, cuando en realidad es
al revés. Así lo siento yo al menos.
Entonces, como yo decido dejar que mi cuerpo se
someta a esa incomodidad de la postura, la mente
necesita defenderse. Richi lo sintetiza muy bien:
la rabia, el estrés y la incomodidad es
pelear con nosotros mismos. Nos dice que eliminemos
la violencia, el conflicto, y ahí está
la clave. Muchas veces, cuando siento ese dolor
que me hace querer abandonar la postura antes
de tiempo, descubro que todo viene de las debilidades
y defectos que tengo a nivel psicológico:
la agresividad, la impaciencia, la violencia;
cosas que a nivel consciente uno no cree tener,
o al menos no en ese grado.
Con
las posturas cómodas en un principio partía
enfrentándome a los malos pensamientos,
pero he llegado a un estado en que, aún
cómodo físicamente, puedo pensar
armónicamente. La concentración
y la templanza son las grandes aliadas de este
proceso. Ahora soy capaz de concebir, concretar
y asociar ideas de diversos tipos de un modo que
antes me era imposible. Es como si fuera más
inteligente pero no, mejor aún, ahora conozco
más y mejor mi mente y puedo sacar más
beneficios de ella.
Así,
le fui tomando gusto al dolor del yoga y, también,
a esa especie de miedo que me generaba enfrentarme
a ese dolor. En mi cabeza hacía la siguiente
ecuación: miedo más dolor y estrés
en la clase = paz interior afuera. Y a medida
que eso se concretaba, más quería
yo. Me fui haciendo más amigo de mi cuerpo
sin buscarlo. No era tema para mí antes;
no sabía que ésa era la vía
para que mi mente estuviera tranquila. Todo proviene
de adentro, de nuestro interior y ha sido uno
de mis hallazgos más valiosos.
Antes
no estaba totalmente consciente de mis propios
defectos, y en la práctica del yoga descubrí,
por ejemplo, que tenía mucho más
ego de lo que pensaba. Yo pensaba que era humilde,
mesurado y poco ostentoso; sin embargo, el solo
deseo de forzar una postura o asana para avanzar
más rápido, tratar de durar más
tiempo cuando todos habían terminado, para
que los demás me vieran y me admiraran,
o simplemente para sentir que estaba a la par
con los más avanzados, me hicieron darme
cuenta de que estaba buscando algo superficial,
algo que a la larga no me serviría de nada.
Porque prefería eso a hacer una postura
acorde con mi capacidad y avanzar de verdad, en
lo que realmente importa: para mí mismo.
No me tomó mucho tiempo perder de vista
ese horizonte; bastaron las primeras semanas,
cuando ya la gente no se mataba de la risa –siempre
en buena onda- viendo mis caras de sufrimiento
por intentar posturas tortuosas; empecé
a soltarme un poquito y me la creí. ¿Cómo
me di cuenta? Seguramente porque, a medida que
se reforzaba mi autoestima, también lo
hacía mi humildad, y entonces empecé
a sintonizar de verdad con los demás practicantes,
quienes no buscan el lucimiento personal sino
el autoperfeccionamiento. Ahora tengo presente
ese detalle para que no se repita en otros órdenes
de cosas.
Ahora
no tengo problemas en decir esto tan francamente
porque lo asumo como una debilidad que encontré
en este camino tan largo y difícil. Y creo
que a otros les puede servir de guía si
es que han pasado por lo mismo.
La práctica del yoga implica un cambio
en los horarios y en los hábitos. El sueño
que me daba la levantada temprano para ir a las
clases de la mañana, me causaba estrés
y muchas veces he tenido la tentación de
seguir durmiendo, pero entonces me digo a mí
mismo que cada vez que me permito hacer valer
la flojera por sobre el sacrificio, me estoy quitando
una posibilidad de superar todo lo que hace sentirme
limitado. Y eso es imperdonable. Entonces me levanto
y me aguanto el sueño. Y casi siempre ha
resultado que esa clase es sumamente enriquecedora
para mí, y me alegro de la opción
que he tomado.
La
visión del entorno sufrió en mí
un giro casi de 180 grados. Ya años antes
el tiempo me había enseñado que,
a medida que la autoestima se desarrolla –y
lo digo yo, que soy muy inseguro- la visión
de las cosas cambia. En todo aspecto, incluso
en cosas en las que uno no cree que está
implicada la autoestima. Personalmente, he descubierto
que en cierta medida sí lo está,
en todo; que todas nuestras virtudes y defectos
están supeditados a cuánto nos valoramos,
aceptamos y respetamos a nosotros mismos. Sobre
esa base, he descubierto muchas cosas y he aprendido
a ser menos egoísta, más conciliador,
más jugado; en síntesis, he aprendido
a dar más de mi mismo. El miedo me impedía
hacerlo. ¿Miedo a qué? A quedar
desprotegido, desguarnecido ¿de qué?
No lo tengo tan claro. Eso es parte de ser inseguro.
El miedo al cambio, a pesar de que el inconsciente
te dice que ese cambio es necesario, pero en la
mente se materializa el dicho de que más
vale malo conocido que bueno por conocer.
Otra
cosa fantástica fue el adiestramiento de
mi mente para combatir las malas ideas; todo lo
que me hiciera daño psíquicamente:
la inseguridad, el nerviosismo, el rencor, la
frustración. ¿Cómo se logra
eso? Aprendiendo a controlar la incomodidad física
y, a partir de ella, buscar la comodidad. Para
mí es un proceso tanto físico como
mental. Como dije antes, las posturas del yoga
me incomodaban, me dolían, me generaban
estrés, rabia y ganas de mandarlo todo
a la mierda. Pero algo en mi interior me decía
que siguiera, que aguantara hasta donde pudiera;
que ésa era una oportunidad única
de dominar los problemas en lo inmediato ¿qué
problemas? Todos; los más evidentes e inmediatos
primero: ser cómodo, porque a mí
me gustaba y me gusta la comodidad y rechazaba
y ahora rechazo o me asusta cada vez menos lo
que me aleja de ella; la neura, la rabia y la
ansiedad, porque cuando no me resultaban las cosas,
me desesperaba; la falta de voluntad para sacrificar
el bienestar a favor que de lo que necesito.
Pero,
sin duda alguna, el reforzamiento de mi autoestima
es lo que más destaco. Antes me costaba
mantener una conversación con gente desconocida
o discutir hasta el final, solía ceder
luego y a menudo abstenerme de acercarme a las
personas. Los ejercicios del yoga me fueron haciendo
entender que yo, con virtudes y defectos, estoy
en una posición similar a la del resto
y que tengo cosas que aportar a los demás,
y que si meto la pata o caigo mal, simplemente
tendré que esforzarme para hacerlo bien
la próxima vez. Antes, aunque eso me resultaba,
no sabía de antemano que pudiera; ahora
lo sé. No del todo, claro, porque éste
es un proceso largo, pero voy en ascenso y cuando
me sucede algo frustrante, mi cabeza rápidamente
lo procesa para dejarlo como un simple aprendizaje
y no lamentarme. Antes era todo lo contrario,
pues dejaba que cualquier pequeñez aniquilara
mi psiquis, mi tranquilidad.
El
resultado de todo este trabajo ha sido un proceso
cíclico muy positivo en mi diario vivir:
con la práctica del yoga he sentido que
mis temores se alejan y he tenido nuevos bríos
para hacer cosas. Hacer esas cosas ha generado
el mismo efecto en mí que lo anterior,
y entonces llego a la siguiente clase con una
capacidad renovada, más, resistente, más
perseverante, más concentrado, con menos
estrés y más capacidad para combatirlo.
Richi me lo dijo una vez aunque no recuerdo bien
las palabras, pero la idea es se cierran algunos
caminos ya recorridos para dar paso a otros. Son
como decenas de ventanas que se van abriendo,
y no sólo eso, sino que ignoro por completo
que están ahí, y las veo sólo
cuando se abren. De muchas de las cosas que para
mí no tenían mucho sentido en el
yoga, como los mantras y ciertas posturas, ahora
he aprendido a sacar provecho. El dominio de la
mente es un regalo impagable. Invito a todos los
que lo buscan, a vivir la experiencia del yoga.
No
puedo dejar de mencionar el grato ambiente que
he encontrado con la gente que practica yoga.
Es como si todos supieran lo que estoy buscando
sin conocerme. La interacción con todos
ellos me ha ayudado mucho a ser como soy ahora.
Vaya a toda la gente de yoga mi agradecimiento.
Espero seguir compartiendo con ellos por mucho,
mucho tiempo.
Namasté.
.
|